La historia de las moscovitas, uno de los dulces más emblemáticos de Oviedo y de toda España, es también un relato de tradición familiar, crecimiento paulatino y expansión internacional. En el epicentro de esta historia se encuentra la Confitería Rialto, que cumple un centenario en 2026, y que ha sabido conservar la esencia artesana de sus productos mientras afronta nuevos retos y oportunidades en un mercado globalizado. Este artículo explora los cien años de evolución de esta legendaria confitería, desde su origen en Oviedo hasta su reconocimiento más allá de las fronteras españolas, encapsulando la pasión por el oficio, la innovación constante y el legado familiar que trasciende generaciones.
Orígenes y evolución de la Confitería Rialto
Todo comenzó en Luarca cuando el bisabuelo del actual propietario, Francisco Gayoso, fundó la Confitería Gayoso. La tradición familiar prosperó cuando su abuelo tomó las riendas y trasladó el negocio a Oviedo, estableciendo en 1926 la Confitería Rialto en pleno centro de la ciudad. Desde entonces, la confitería se convirtió en un referente de la repostería artesanal asturiana, respetando recetas tradicionales y con un compromiso firme con la calidad.
A lo largo de las décadas, Rialto fue creciendo en reconocimiento gracias a sus productos emblemáticos: polvorones, turrones, pasteles y, especialmente, sus moscovitas. La pasión y dedicación de cada generación han mantenido intacta la esencia artesana que les distingue, mientras adaptaban nuevas técnicas y demandas del mercado local.
El desarrollo de las moscovitas: historia y misterio
La creación y el significado del dulce
Las moscovitas, consideradas uno de los dulces más reconocibles de la firma, nacieron como una pasta de té más, creada inicialmente por un pastelero local que las horneaba y bañaba en chocolate. Con el tiempo, y ante la creciente demanda, el producto fue perfeccionado y comercializado en un formato más valioso y presentable. Según explica Francisco Gayoso, actual cuarta generación del negocio, “se dosifican y se bañan una a una; es un proceso que requiere meses de aprendizaje para conseguir la textura, el sabor y la apariencia perfectos”.
El enigma del nombre
El origen del nombre “moscovitas” sigue siendo una incógnita. Diversas teorías apuntan a que podría derivar de un mineral laminado que recuerda su forma, un confitero austríaco que pasó por Asturias o incluso de la receta encontrada dentro de una muñeca rusa. Celebrando sus 80 años, Rialto sacó una edición en forma de matrioska acompañada de un cuento ficcionado y la promoción de un viaje a Rusia, en un guiño a esa historia misteriosa que aún perdura.
Crecer con calma, pero con seguridad
Hasta 2011, las moscovitas se vendían exclusivamente en la tienda de Rialto en Oviedo. Sin embargo, ese año la confitería dio un paso importante: comenzar a comercializarlas fuera de sus locales, mediante la apertura de un nuevo obrador en las afueras de la ciudad y la creación de una red de distribución, inicialmente a tiendas especializadas en toda España.
Este proceso de expansión fue paulatino y exigente. Sin un distribuidor oficial, Rialto acudió a tiendas minoristas explicando minuciosamente su producto, convenciendo a cada punto de venta de la calidad de las moscovitas. La paciencia y el cuidado en cada paso han permitido a Rialto convertir sus dulces en un producto internacional: en 2024, se fabricarán 15 millones y en 2025, se espera alcanzar los 18 millones, con una capacidad de producción que ha crecido de 7 a 80 empleados, e incluso alcanza picos de 120 en campañas altas.
Mucho más que chocolate y almendra
Las moscovitas, elaboradas con chocolate belga, almendra marcona, nata líquida y azúcar, son solo el punta del iceberg en la oferta de Rialto. La confitería mantiene viva su pasión por las recetas tradicionales, pero apuesta también por la innovación y la creaciónde productos nuevos. En 2026, en conmemoración de su centenario, han lanzado una lata especial en homenaje a su historia y al arte del buen hacer artesano.
Además, Rialto produce bollería, tartas y minipasteles en formatos diversos, adaptados a los gustos actuales. Sus productos se venden en aproximadamente 400 puntos en España, incluyendo El Corte Inglés, y también en ocho países —Inglaterra, Francia, Alemania, Países Bajos, Portugal, además de Estados Unidos, República Dominicana y Filipinas— ampliando cada día su presencia internacional.
El legado familiar y la pasión por el oficio
Desde sus inicios en Luarca, la historia de Rialto ha sido una historia de generaciones comprometidas con la artesanía y la calidad. El actual director, Francisco Gayoso, destaca que la clave del éxito radica en mantener intactos los valores tradicionales y en la atención cuidadosa a cada detalle. Su padre le enseñó a cuidar cada proceso y a valorar la calidad de las materias primas, ingredientes en los que no escatiman: chocolate belga, almendra de primer nivel, nata auténtica y azúcar de calidad superior.
El compromiso por mantener la elaboración artesanal continúa, a pesar del crecimiento exponencial, y ello les ha permitido consolidar una reputación basada en el mimo, el cuidado y la excelencia. La atención al cliente y la atención personalizada en su salón de té en Oviedo forman parte de esa misma filosofía que ahora trasciende fronteras.
Reconocimiento y proyección internacional
El éxito internacional de Rialto no solo se refleja en sus ventas, sino también en colaboraciones con grandes marcas, suministros para firmas como Michelin y alianzas con reconocidos chefs. La integración en eventos sociales y en la cesta de Navidad de empresas como Inditex, donde llevan más de nueve años participando, atestiguan su consolidación como símbolo de calidad y tradición.
Este crecimiento y proyección, sin perder su esencia artesana, reflejan cómo una tradición familiar puede evolucionar y adaptarse en un mercado global, llevando un dulce símbolo de Oviedo a los rincones más lejanos del mundo.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el secreto de las moscovitas?
No existe un secreto único; sin embargo, la calidad de los ingredientes, el mimo en el proceso de elaboración y el respeto por la receta original son fundamentales. Cada moscovita se dosifica, baña y empaqueta con cuidado artesanal.
¿Cómo ha evolucionado la producción en estos cien años?
Desde la fabricación artesanal en la tienda original en Oviedo hasta la producción masiva en un nuevo obrador, Rialto ha incrementado gradualmente su capacidad, alcanzando millones de unidades y exportando a diversos países, siempre manteniendo el control y la calidad.
¿Qué productos ofrecen actualmente además de las moscovitas?
Además de sus famosos dulces tradicionales, Rialto produce bollería, tartas, minipasteles y productos de temporada. Mantienen también productos clásicos como el bartolo, el pionono y el carbayón, adaptándose a las tendencias y demandas actuales.
¿Cuál es el futuro de Rialto?
Con su centenario en 2026, Rialto continúa ampliando su presencia internacional, invirtiendo en innovación y en la conservación de su tradición. La firma busca seguir siendo referente en repostería artesana, impulsando colaboraciones y promoviendo el legado familiar que los ha guiado durante un siglo.
Así, los cien años de moscovitas simbolizan no solo un dulce tradicional, sino también el testimonio de una historia familiar que, con constancia y pasión, ha conseguido conquistar corazones en medio mundo, sin perder nunca la esencia de su origen.