La historia de la ciencia en España está marcada por episodios de brillantez y de olvido. Sin embargo, uno de los ejemplos más ilustrativos de cómo la narrativa oficial ha favorecido ciertos relatos en detrimento de otros es el contraste entre las figuras de Alexander von Humboldt y Alejandro Malaspina. Mientras Humboldt es considerado una referencia mundial, Malaspina permanece en la sombra, a pesar de que su expedición fue, en muchos aspectos, una de las mayores hazañas científicas del siglo XVIII. Este fenómeno revela una verdadera Leyenda Negra de la ciencia española, en la que se magnifica el talento externo y se minimiza o se olvida la exuberante capacidad de investigación desarrollada en las entrañas de nuestro propio país.
Humboldt y su legado: el científico europeo que estudió la obra española
Alexander von Humboldt (1769-1859) es una figura omnipresente en la historia de la geografía y las ciencias naturales. Sin embargo, gran parte de su prestigio internacional se construyó a partir del uso y divulgación de datos y mapas que provenían de las expediciones españolas en América. En 1799, Humboldt visitó Madrid y tuvo acceso a información privilegiada, incluyendo mapas y mediciones que los españoles habían recopilado en expediciones como la de Malaspina. Su obra monumental, que cruzó continentes y océanos, elevó su estatura, pero la verdad es que mucho de ese conocimiento había sido generado en suelo español.
Humboldt supo aprovechar los recursos y datos hispánicos, y su posterior fama y reconocimiento eclipsaron, en parte, la labor original de exploradores y científicos españoles. La paradoja es que el país que proporcionó gran parte de los insumos para su investigación, en realidad, quedó en segundo plano en la misma disciplina que ayudó a impulsar.
La expedición Malaspina: una odisea científica silenciada por la historia
Por otro lado, la expedición Malaspina –nacida de la visión de un noble y capitán de mar, Alejandro Malaspina– representa una de las mayores gestas científicas del siglo XVIII. Realizada entre 1789 y 1794, fue un proyecto colosal que implicó el recorrido del Pacífico desde Alaska hasta la Patagonia, con un equipo multidisciplinar compuesto por astrónomos, botánicos, cartógrafos y naturalistas. La expedición acumuló datos inéditos, mapas precisos, descripciones de flora y fauna, y estudios etnográficos que, en su momento, colocaron a España en la vanguardia científica mundial.
Sin embargo, por motivos políticos y burocráticos, la obra de Malaspina fue rápidamente silenciada. La Revolución Francesa y el temor a ideas liberales llevaron a que sus informes y descubrimientos fueran clasificados como secretos de Estado. Malaspina fue encarcelado y la información, guardada en los archivos cerrados. La magnitud de su investigación, que debió significar un paso de gigante para la ciencia española, pasó al olvido.
El costo institucional y el olvido de los talentos nacionales
¿Por qué ocurre esto? La respuesta no reside en la falta de talento, sino en la patología institucional española. Cuando Malaspina y su equipo regresaron, la política cambió radicalmente. La entonces joven España se vio atrapada entre el temor al cambio y la censura. La figura de Malaspina, que proponía reformas políticas y una visión más abierta y científica, fue considerada un enemigo del sistema. En consecuencia, su obra fue confiscada, y los valiosos fondos documentales y científicos quedaron en el olvido, guardados en archivos cerrados por décadas.
En esa misma línea, la historia de Tadeo Haenke ejemplifica el drama del científico español en la época colonial. A diferencia de Malaspina, Haenke no fue respaldado por la administración española; su apasionado trabajo en Sudamérica tras la expedición fue relegado al olvido, muriendo lejos de su tierra natal y sin el reconocimiento que merecía.
La doble moral del reconocimiento científico
La historia revela que, mientras España producía exploradores, científicos y recursos, la gestión y política interna no fueron capaces de sostener ni divulgar esos logros. Eventos como la visita de Humboldt y la comparación entre su obra y la de Malaspina muestran una realidad incómoda: el talento y el esfuerzo españoles pudieron ser la base de logros internacionales, pero la incapacidad institucional, la censura y los intereses políticos impidieron que esos conocimientos rompieran el silencio y alcanzaran su justo reconocimiento.
¿Qué nos enseñan estos episodios históricos hoy en día?
- Reconocimiento a los científicos españoles: La historia de Malaspina y Haenke demuestra que España ha contado con figuras de altísimo nivel en la exploración y las ciencias. La verdadera Leyenda Negra en la ciencia española radica en la autoinvisibilidad y en la política que arrincona sus propios talentos.
- La importancia de la gestión institucional: La capacidad de producir conocimiento no basta; es imprescindible gestionar, divulgar y proteger la investigación y los descubrimientos.
- El paso del tiempo y la memoria histórica: La historia de estos exploradores nos invita a reconsiderar cómo valoramos la ciencia y a desconfiar de las narrativas que solo ensalzan figuras foráneas, olvidando el trabajo propio.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la expedición Malaspina no es tan conocida como la de Humboldt?
Por motivos políticos y de censura en su época, la obra de Malaspina fue silenciada y considerada documento secreto. Además, la narrativa que se edificó posteriormente tendió a enaltecer figuras extranjeras que no estuvieron relacionadas con la gestión oficial española, relegando a Malaspina al olvido.
¿Qué papel jugaron otros científicos españoles en la historia universal?
España ha contado con numerosos científicos, exploradores y naturalistas de gran nivel, como José de Acosta, Fausto de Elhuyar, y muchos otros cuya obra merecería un mayor reconocimiento y divulgación.
¿Qué lecciones podemos aprender para potenciar la ciencia en España hoy?
Es fundamental fortalecer las instituciones, promover la libertad de investigación y valorizar la historia científica nacional. Reconocer la contribución propia y aprender de los errores pasados es la mejor manera de construir un futuro científico sólido.
En definitiva, entender que la verdadera Leyenda Negra de la ciencia española no radica en la falta de talento, sino en la desmemoria y las censuras institucionales, nos exige revalorizar nuestro pasado y apostar por una gestión más abierta y reconocedora de la ciencia propia.