Valencia: Pueblo con un castillo medieval «okupado» por sus vecinos

En la provincia de Valencia se encuentra un enclave único que combina historia, vida cotidiana y resistencia social: un castillo medieval que, en lugar de ser solo un monumento museal, sigue habitado por vecinos que luchan por mantener viva su historia y su hogar. Este fenómeno, conocido como «okupación» tradicional, revela una faceta sorprendente de cómo las comunidades locales interactúan con sus propios patrimonios históricos, transformando la percepción de los castillos antiguos en un símbolo vivo y funcional.

Contexto histórico y conservación del castillo

Construido entre los siglos XI y XII durante la época andalusí, el castillo de Buñol, en la provincia de Valencia, es uno de los ejemplos mejor conservados de su época en la Comunidad Valenciana. Originalmente, su función era estratégica, dominando el paso natural de la Hoya, en una frontera que durante siglos enfrentó diferentes culturas y territorios.

Con el paso del tiempo, esta fortaleza pasó por múltiples manos: los cristianos tras la conquista de Jaime I, los Condes de Buñol en sus palacios góticos, y en múltiples conflictos bélicos que marcaron su historia. La resistencia a invasores, asedios y saqueos fue la constante que dejó las marcas visibles en sus muros, hasta que finalmente fue reurbanizada y utilizada como bien del patrimonio cultural.

La ocupación moderna y la vida dentro del castillo

Una ocupación con historia y tradición

A finales del siglo XIX, en un contexto de crisis económica y necesidad habitacional, las clases populares comenzaron a ocupar el recinto sur del castillo de Buñol como una forma de salvaguardar la estructura y ofrecer un hogar a quienes más lo necesitaban. Lejos de ser una ocupación intempestiva, esta fue una acción de supervivencia que se convirtió en una forma de resistencia social y cultural.

Hoy en día, esta ocupación ancestral ha evolucionado en una comunidad viva. María Jesús Calvente, que lleva más de 50 años residiendo allí, explica cómo aquella época en la que las puertas permanecían abiertas y las familias cocinaban juntas en las calles quedó en el pasado, pero su legado sigue vigente. Solo quedan algunos propietarios y residentes permanentes, pero en realidad, la mayor parte de las familias siguen viviendo en el castillo, manteniendo su uso y convivencia dentro de un espacio protegido como Bien de Interés Cultural.

Vivir dentro del patrimonio

Lo que hace singular a esta situación es que no se trata de un olvido del patrimonio ni de una recuperación museística. Los vecinos de Buñol habitan literalmente dentro de las murallas, formando parte activa de la historia de su propio castillo. Ellos cuidan, conservan y mantienen sus viviendas en un entorno que muchos considerarían inusual o incluso prohibido, pero que para esta comunidad representa su hogar y su identidad.

Acceder a este castillo no implica pasar por torneos, tarifas o visitas guiadas. Los visitantes que recorren sus calles y murallas se encuentran con una comunidad que, desde hace siglos, ha decidido vivir en un espacio protegido, en una suerte de okupación con historia, que desafía los convencionalismos del turismo cultural.

Impacto social y cultural de la okupación

  • Conservación activa: La presencia de vecinos en el castillo evita el deterioro por abandono y fomenta el cuidado constante del patrimonio.
  • Identidad comunitaria: La ocupación refuerza el sentido de pertenencia y preserva tradiciones relacionadas con la convivencia y la historia local.
  • Resistencia a la gentrificación: La comunidad de Buñol mantiene vivo su barrio y su castillo frente a procesos de turistificación y museificación que amenazan su autenticidad.
  • Ejemplo de ocupaciones culturales y sociales: Este caso contrasta con muchas otras ocupaciones ilegales en España y en Europa, resaltando una ocupación histórica y respetuosa, con un profundo vínculo con el patrimonio.

El castillo de Buñol en la actualidad

En la actualidad, el castillo sigue siendo un referente de resistencia, historia y vida cotidiana. La Asociación de Amigos del Barrio Antiguo y sus residentes trabajan juntos para mantener vivo este patrimonio, integrando la historia medieval en un entorno de convivencia moderna.

Recientemente, el propio Hollywood visitó y utilizó este espacio en la filmación de escenas para la película El Cautivo dirigida por Alejandro Amenábar. La plaza de armas se transformó en un mercado de esclavos, pero una vez finalizada la filmación, el castillo volvió a su uso habitual: hogar, enclave histórico y testimonio de una historia viva.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Es legal vivir dentro de un castillo protegido?

La situación de Buñol es peculiar y refleja una ocupación histórica que ha sido tolerada en ciertos casos, siempre que no se infrinjan leyes de propiedad o protección cultural. La comunidad vive en un espacio declarado Bien de Interés Cultural, y su convivencia ha sido considerada en diferentes ocasiones como un ejemplo de uso social del patrimonio.

¿Se pueden visitar las viviendas del castillo?

Generalmente, las visitas se concentran en las áreas abiertas y patrimoniales del castillo, como sus murallas y recintos históricos. Los residentes habitando dentro no suelen abrir sus viviendas, respetando su privacidad y la naturaleza de su ocupación.

¿Qué ventajas tiene vivir en un patrimonio protegido?

Vivir en un castillo protegido ofrece un entorno único y cargado de historia, además de una comunidad con fuerte identidad local. Sin embargo, también implica cumplir con regulaciones estrictas de conservación y utilizar criterios específicos para reformas o modificaciones en las viviendas.

Conclusión

El ejemplo del pueblo de València con un castillo medieval «okupado» por sus vecinos nos muestra cómo la historia no tiene por qué quedar relegada a los museos o a las visitas guiadas. La convivencia en un patrimonio protegido, en un espacio que sigue siendo hogar, revela un modo de resistencia y preservación cultural que desafía las nociones tradicionales de propiedades y uso del patrimonio. Más allá del turismo o la gentrificación, estas comunidades mantienen viva una parte esencial de nuestra historia, en un diálogo constante entre pasado y presente.